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Prologo


Una historia no tiene principio ni fin, tan solo puertas de entrada.” ― Carlos Ruiz Zafón, El laberinto de los espíritus


Las ultimas olas del día arrastraban la arena y la salada agua del mar a la playa. Habia comenzado a atardecer mucho mas tarde que hace una semana, un signo de que la primavera estaba dejando paso a un caluroso verano. Caminaba por la playa despreocupado como todos los dias hace unos meses, con los pies descalzos, solamente unas bermudas y una camisa con motivo de flores. Los lentes oscuros se habian convertido en una dificultad para la vision hace casi una hora, pero tenia por costumbres dejarlos puestos. Era hora de volver al hotel de una vez, ya habia caminado bastante y estaba realmente deseando acostarme a dormir. Tenia todavia una semana mas de vacaciones para aprovechar las noches de Unova, podia tener el lujo de dormir temprano un dia. Mañana era el primer dia de verano y eso en este lugar era un gran evento, seguramente habria mas de una fiesta en la playa, quizas hasta podria hablar con esa chica de Hoenn del crucero.

-Mejor volver...- El viento se llevo las palabras. Brisa de verano. Muy distinto al clima de Kalos, sobretodo al clima de Lumiose. Habian pasado dias sin tener que caminar entre gente agitada y apurada con sus propios asuntos. Seguro ese mismo clima se respiraba en la Capital de Unova tambien, pero en este lugar, todo era playa, sol, y noches de festejos. -

A Town of Rippling Waves


Y eso era todo lo que habia en Undella. Olas, paz y playa. Por que motivo vivia en la ciudad si podia vivir en este lugar? Incluso la gente que trabajaba en las calles vendiendo pulceras parecia mas feliz que mucha gente con la que trabajo en Kalos. Con 28 años, quizas ya no estaba en edad de plantearme mi vida de cero de nuevo, pero estaba decidido. El lunes a primera hora iba a mandar ese telegrama de renuncia. Decidido termine de subir las escaleras hasta la puerta del hotel. Grey Palace, el hotel mas lujoso de este lugar. Me recibieron como siempre, preguntandome que iba a cenar, a que hora me despertaban y si necesitaba algo en particular. Con una botella de champagne como cada noche, estaba todo arreglado. Tuve que firmar un par de recibos mas antes de ingresar de nuevo, pero solo eso. Cuando saque la tarjeta negra de la billetera un escalofrio recorrio mi espalda. Si...quizas deberia esperar un año mas antes de renunciar, juntar algo mas de dinero y poder comprar una linda casa en las afueras...Si, no habia prisa.

Llegue al cuarto y me desprendi de la camisa que llevaba, dejandola en el canasto de ropa que la muchacha de limpieza se solia llevar cada mañana. No me gustaba tener la espalda al descubierto, esa horrible cicatriz era aun muy visible y no era nada estetica.

-Quizas posponer la renuncia dos años...- Murmure. Debi haberme dormido unos segundos, porque me desperte sobresaltado y no habia luz en el cuarto. Me levante tanteando la pared con cuidado de no tirar nada. Parecia un apagon general, no veia luces por la ventana tampoco, solamente el cielo estrellado. Bueno, quizas mudarme a otra ciudad costera donde tengan generadores de electricidad para apagones asi...

-Disfrutando sus vacaciones, señor Lemieux? - UIna voz rasposa dijo a mis espaldas. El conserje? Si habia entrado a mi cuarto de esa forma sin avisar, iban a escuchar mis quejas.

-Disculpe? Quien es usted? Y que paso con la luz? Estoy pagando por un servicio comp...-

-Señor Lemieux, me temo que vamos a tener que llevarlo a una suite mas apropiada.- No tuve mucho tiempo de reaccionar, quise agarrar la botella en la mesa de luz pero mis sentidos no respondieron. No podia moverme, parecia que estaba clavado en aquel lugar como si mi cuerpo estuviera bajo algun tipo de paralisis. Mis musculos faciales empezaron a endurecer.

-Qu-Que- ocurre-- Quise gritar pero la paralisis era muy potente y apenas me dejaba mantener el ritmo respiratorio. Entonces vi a aquella figura iluminada por las estrellas cruzando desde el ventanal hasta donde estaba yo, alto, palido y con cabello blanco. Tenia una larga capa y una capucha en punta, todo de un gris sucio. Sonreia muy divertido.

-No se preocupe, señor Lemieux. Todos somos descartables.-

Entonces, todo se puso negro.


Año 1999

Unova - Battle Subway - Mistralton Airport Station


Los pasos de las personas haciendo el transbordo entre la linea del subterraneo que llegaba desde la terminal del Puerto de Driftveil hasta el Aeropuerto de Mistralton se escuchaban retumbando de forma monotona, como el sonido de una marcha perfectamente sincronizada. Las voces de los altavoces sonaban sin decir nada en particular, o al menos eso parecia. Las luces de los carteles estimulaban los sentidos al punto que era imposible entender que decian, solo flechas, nombres de ciudades, horarios y fechas. Muchos carteles con letras de color anaranjado indicando retrasos en vuelos. Los murmullos, las charlas por telefonos, llantos de despedida, abrazos de reencuentro, el festin de emociones esperaban pasando las escaleras automaticas al salir de la estacion del subterráneo y llegar a la combinación que daba directamente a la sala de recepción de vuelos del aeropuerto.

-Vuelo Numero 0735 desde la Region Johto con retraso de 45 minutos, llegando a la terminal de Mistralton por la plataforma F. Vuelo Numero 0840 desde la Region Kalos con escala en Virbank City, llegando a la terminal de Mistralton por la plataforma G.- Decia una y otra vez la voz saliendo desde los altavoces, mezclandose con otra decena de voces que rezaban oraciones muy similares en el mismo tono. La chica de cabello castaño y piel trigueña levanto la mirada entrecerrando sus ojos mirando la pantalla que tenia delante. Se distrajo tanto intentando leer que casi tropieza al terminar la escalera automatica que daba salida al subterraneo. El muchacho que iba a su lado la agarro del brazo para que no caiga y juntos caminaron hacia la salida de la escalera, seguidos de un hombre bajo, rechoncho y de bigote muy bien peinado.

-Siempre me pasa lo mismo que uso estas escaleras, no hay de que avergonzarse.- Dijo el chico al ver el bochorno de la chica al casi caer. - Odio bajar en subterraneo, siempre me termino perdiendo o pasando de la estacion tambien...menos mal que esta vez fueron solo unas cuentas estaciones y solo tuvimos que hacer cambio de linea una vez.- El chico tenia el cabello pelirrojo anaranjado corto, por lo desparejo parecia que se habia rapado hace varios meses y ahora se arrepentia y queria dejarselo crecer.

-Por eso siempre prefiero volar a ir bajo tierra! - Dijo alegre el hombreton que iba detras de ellos peinando su bigote negro ya salpicado por varias canas. Tenia unos jeans bastante gastados y un chaleco azul lleno de bolsillos. En el bolsillo delantero descansaba un prendedor brillante con forma de una ala celeste con bordes dorados. La medalla de Mistralton.- Asi que, dulce Epiphone, tus amigos tenian que llegar en este vuelo?

-Asi es...Kabir...ese guia del museo tan agradable, me mando una carta hace poco indicandome eso. No me comento mucho mas, pero dijo que en el vuelo siguiente tambien iba a llegar una amiga suya tambien, tenian una reunion muy importante o algo asi...- La chica algo distraida seguia luchando con los cientos de nombres de ciudades que hacian vuelos hacia Mistralton.

-Bueno, tengo ganas de conocer a esos amigos tuyos. Quizas hasta pueden ser parte del elenco de mi nueva obra...ya sabes, esa que le conte a Jerome, para la que necesitaba un poco de dinero...

-Cameron, tu hermano no va a darte ni medio centav...- El hombre de bigotes le hizo una seña a la chica indicandole que el avion que esperaban estaba ya en la plataforma y que los pasajeros estaban bajando del mismo- Son ellos! - Exclamo Epiphone agitando sus brazos para que la vean.

Los entrenadores habian viajado en dos aviones separados, pero que llegaban con solo 15 minutos de diferencia desde sus respectivas regiones. Las plataformas por las cuales descendian daban al mismo pasillo de esperas, por lo cual cualquiera del grupo podia ver a la chica apenas pasaran por los escaneos de costumbre y revisaciones de pasaporte interregional. Sin embargo, la primera en llegar con la hija de Thenardier fue una mujer morena y alta, de porte elegante y con un largo tapado negro. Siiva miro a la muchacha desde arriba y la saludo simplemente asintiendo con la cabeza, para luego deslizar su mirada hacia los entrenadores que ahora pasaban por los ultimos controles de seguiridad y retiraban sus numeros para buscar su equipaje.

La mujer alta levaba un maletín de metal oscuro con letras negras indicando: -Daemones-.
Frost


-Hippie, hiiipiiiee.- Dije mientras con mi dedo índice tocaba su mejilla, la muchacha aun seguía dormida encima de mi hombro sin intenciones de despertarse, no la culpo, después de todo nuestro vuelo fue de casi 12 horas y encima estaba retrasado. Incluso podía sentir la vibración de mis pokemons queriendo salir de una vez, estos últimos años se había acostumbrado demasiado a estar afuera. -Vamos, tenes que despertarte, estamos por aterrizar.- Volví a decirle esta vez sacando la frazada que nos cubría a ambos, la chica esta vez reacciono más y se despertó de golpe quizás al darse cuenta de la posición en la que se había dormido. -Por lo menos esta vez no me babeaste.- Bromee acomodando el cinturón de mi asiento antes de que el avión toque tierra.

Un año y algo había pasado desde que estuvimos en kalos y aun lo recuerdo como si hubiera sido ayer, esas criaturas saliendo del cielo, Jamie, Julia. Son cosas que no se olvidan fácilmente más aun si tuviste un papel estelar en todo ese caos y luego ayudaste a cubrir las secuelas. Podría decir que termine haciendo un trato con el diablo al aceptar trabajar con la policía para cubrir todo rastro de lo que sucedió, ese mes en Lumiose City fue quizás el más difícil de mi carrera y claramente ya venía con un pasado bastante turbio debo decir. Pero trabajar codo a codo con quien intento matarte para evitar que todo entre en pánico? Eso definitivamente era algo que jamás creí que fuera posible. Pero no todo era malo, esa noche nos probó a todos como entrenadores y a mi mismo en varios niveles que jamás creería posible.

Flashback

[Reveal] Spoiler:
-Bueno rubio Hippie, si no te importa creo que tenemos civiles a los cuales ayudar.- Le indique al Detective parándome de la mesa, nuestro momento de descanso había terminado y teníamos gente a la cual ayudar, después de todo la ciudad estaba en ruinas y anda a saber quienes están atrapados o heridos.

Camine hacia la calle con mis manos en el bolsillo buscando un lugar por donde arrancar, en cualquier momento esto se va a llenar de policías, ejercito y quien sabe qué más, era mejor adelantar todo el trabajo que se pueda antes de que sea más difícil. Tome mis pokeballs, algunos de ellos estaba dañados pero podían ayudarnos de todas formas, teníamos que arrancar con la búsqueda y rescate de las personas, o sea la parte más difícil. Solté a los 5 pokemons alrededor mio. -Damas y caballeros, voy a necesitar de sus servicios en estos momentos, pero por suerte no para luchar.- Indique a mi equipo, sorprendentemente todos asintieron con la cabeza ante mis órdenes, incluso bryce que miraba para todos lados buscando algo. - Liz, diana, ustedes busquen por aire a toda persona que necesite ayuda. Amelia, trata de escuchar gente en los escombros para que Hollow los saque. Si ven alguna criatura blanca vienen conmigo sin dudarlo- Los cuatro asintieron con la cabeza mientras comenzaban a hacer sus tareas, solo quedamos el oso y yo.

Me agache a su altura, sabía qué era lo que estaba tratando de encontrar, o mejor dicho a quien. Coloque mi mano en su cabeza atrayendo la atención de él, había olvidado lo frió que podía ser al tacto. -Ella no esta más acá, volvió a su casa.- el pequeño cubchoo miro hacia abajo al decirle esto como un poco decepcionado, si no lo odiara tanto me sentiría un poco mal por él. -Pero me dijo que te envía saludos, además quien sabe, quizás la volvemos a ver.- Comenté parándome de una vez. -Por ahora hay cosas que hacer.- Termine de decir acomodándome los lentes de sol.

-Fin del Flashback-

Bajamos del avión relativamente rápido, después de todo no era una de las ciudades concurridas esta, la parte más movidas para vacacionar eran otras, Mistralton city es más una ciudad para vivir pero no estábamos de vacaciones aca. Siiva nos había mandando una carta junto con un pasaje aproximadamente un mes, en todo este tiempo mi relación con la mujer solo se había limitado indirectamente a ese noviembre del 97, pero en cuanto logramos controlar el desastre no volví a cruzarme con nadie que ella estuviera relacionada o por lo menos de forma directa. Kabir era otra situación, el hombre cada tanto mandaba cartas, por lo que sabía no era solo conmigo, también al resto del grupo con los que hable solía enviarles cartas, una cuestión cortes, quizás su forma de evitar sentirse mal por nosotros. Siempre trate de enviarle mensajes tranquilos sin revelar mucho, después de todo es más que seguro que los guardadores estuvieran controlándonos desde ese entonces, miedo a que los expongamos o miedo de que alguno termine como Julia? Esas eran mis principales teorías.

-La próxima vez haceme acordar que no acepte pasajes de sectarios, pueden guardar secretos pero no te pueden planear bien un viaje.- Me queje estirándome un poco en la cola para poder ingresar a la región, mas de 12 horas y encima con retraso el vuelo, mi espalda no es la de antes, 25 años no llegan solos. Suspire al notar que no recibí ningún comentario de Nitta desde que bajamos del avión, podía sentir su tensión irradiar desde mi espalda, ya había aprendido a leer algunas de sus conductas. -Podrías tratar de disimular un poco mejor que no queres estar aca.- Dije mientras acomodaba un mechon de su pelo atrás de su oreja.
Saque mis lentes de sol y los coloque sobre sus ojos sin decirle nada. -Ya sabes lo que dice mi madre sobre que los ojos son la puerta hacia el alma, mejor protege las tuyas porque en este momento dicen mas de lo que vos queres decir.-

Me di vuelta y note que del otro lado de la cola nos esperaba Epiphone junto con un hombre mayor y un chico colorado, salude con mi mano y una sonrisa hasta que note que a su lado estaba Siiva con un portafolios, de verdad esta mujer no pensaba perder el tiempo.
Ibaraki



El día no habia arrancado y ya era una mierda, todo el viaje para llegar hasta acá a las putas 3 de la mañana, Siiva debe seguir odiandome por golpear a su novio Nerón hace 2 años, y para colmo los precios acá son una estafa, debí comprar en un kiosco ayer antes de salir. La persona que me atendia parecia acostumbrada a ver gente mal dormida comprando comida, posiblemente tenga este horario de forma regular, mientras pagaba Mavis me ayudaba a llevar algunos paquetes de comida para Pokemon y una botella de agua, yo me habia comprado unas galletas saladas, pero un momento despues, la Kirlia a mi lado pareció notar algo, como si hubiera alguien cerca -Mavis, es obvio que están por aca, no creo que Siiva nos haga venir y no mande gente- le dije, pensando que habia detectado algun Guardador por la zona. Era obvio que siempre habria alguno rondando, a veces me preguntaba si él era guardador, pero ahora lo que me preocupaba era que la Kirlia se habia teleportado afuera del local donde estaban Baraddur y Kiran esperandonos. Dejó los paquetes con ellos y se teleportó de nuevo. -Carajo... Perdón, tengo que volar- dije mientras terminaba de pagar las compras y salí al trote detras de ella.

-A donde fué?- Pregunté a mis otros dos compañeros, Kiran, el Growlite olfateó un poco el aire y señaló en dirección por donde vinimos, hacia donde estaba toda la gente esperando vuelos. Corrí a buscarla y por suerte no estaba lejos, estaba abrazando a un Ralts alegremente, y el pequeño parecia igual de contento... -Siegfrid?- Era posible? para cuando me di cuenta Mavis los teletransportó a ambos a mis brazos, estaba acostumbrada a cargarla pero entre ambos eran dificiles de manejar, el pequeño Ralts intentaba saludarme a pesar del agarre de su hermana. -Siegfrid, si vos estas acá entonces...- Sentí que alguien se habia detenido a mi lado.

Volteé a verlo, los Pokemon en mis brazos se bajaron, pero no le di importancia, ahí estaba, alto, cabello verde, paso firme, era el chico que conocí hace casi 2 años, con el que compartí la semana más increible de mi vida, y al que le habia dado mi primer beso, luego de tanto tiempo, ahi estaba...

-Mint...- Esperaba verlo, habia asumido que la carta que me habia mandado Siiva tambien era para el resto del grupo de ese entonces, pero no esperaba encontrarlo todavia, di un paso al frente, el chico me miraba como si simplemente esperara.

-A pasado tiempo iba no?- Dijo, no parecia muy entusiasmado.

-Si... Casi 2 años... Como... Como has estado?- Le pregunté algo nerviosa.

-Espero que Siegfrid no esté molestando- Respondió como si nada. Habia algo raro en él, pero cuando iba a responderle alguien más se acercó -bueeeeeeno, por qué no comemos algo mientras esperamos?- Era otra voz conocida, otra cara conocida, y ojeras muy conocidas. Yannick se acercó del otro lado del lugar, saludando con los brazos abiertos.

-Yannick. Que alegria verte también- Dije mientras me acerqué a darle un abrazo de saludo, habia pasado tiempo, pero estaba segura que no le importaria, aunque tardó un momento en devolverme el saludo. -Si, compramos algo de comer con mi equipo recién, vamos a comprar algo más y comemos todos-

Luego de comer un bocado con ambos, nos dispusimos a abordar el avión, por primera vez en mi vida iba a dejar la región, hasta hace una hora estaba pensando en la razón, queria terminar de una vez con ese asunto, pero ahora podia pensar que viajaba con viejos amigos. Yannick no parecia muy entusiasmado al subir, mientras Mint no aparentaba ninguna reacción en particular. De hecho, una vez arriba se sentó algo apartado, los asientos estaban numerados y el suyo estaba más separados que el de Yannick y el mio.

Las horas de viaje se hicieron cortas mientras veiamos el amanecer al despegar y charlamos hasta llegar a Unova a media mañana. Esperar por nuestro equipaje era otra historia, pareció más largo que todo el resto. Una vez recuperadas nuestras cosas nos fuimos a buscar a Epiphone, quien nos habia hecho señas desde lo lejos, estaba acompañada por otras personas y en particular con alguien a quien no queria ver tan rápido, Siiva, creo que mi buen humor se quedó en el avión.
Yannick


Me estiré y acomodé el pelo cuando al fin desembarcamos, por suerte este vuelo fue más corto que el de Johto, realmente no había disfrutado esas diez horas sobrevolando el océano. Miedos nuevos que uno descubre cuando sale de la región por primera vez, al menos charlar con Ibaraki había ayudado a pasar el tiempo. Además, menos viaje eran menos chances para pensar en la carta, la segunda carta, y lo poco que había tardado en llegar después de la de Siiva. Esta vez no tuvo código de remitente, supongo que en serio estaba tomando más precauciones. Aunque me hubiera servido hacerle unas preguntas considerando todas las que ella me hacía.

Claro que lo que había pasado no se podía cubrir tan fácilmente, por cada "loco conspirativo" que hable, va a haber uno dispuesto a escuchar e indagar. Lamentablemente, uno de esos era mi amiga... O solía serlo. No era lindo tener otra cosa más que me siga de Camphrier, cuando ya tenía que lidiar con terminar la facultad lo antes posible para dejar cruzarme con cierta gente. Encima tuve que improvisar una excusa a mis viejos para venirme a Unova tan de repente, sin que estuviera relacionado con "ése tal Ian". No es que no me alivie tomarme un descanso del pueblo, pero me iba a retrasar con los trámites y el trabajo... que eran prioridades estúpidas, ya sé, no nos hubieran llamado si no fuera algo grave. Era obvio que la cosa no iba a terminar así nomás, si pensaba en el contacto que mantuvo Kabir, aunque nunca pereció tener motivos ocultos, pero esas últimas cartas había vuelto a traerme las pesadillas que había logrado reprimir hacía tiempo.

Estaba tan distraído que había hecho los chequeos casi automáticamente y cuando me di cuenta, ya estábamos en el pasillo. En seguida vi a los otros que habían llegado de Johto, eso me hizo olvidarme de todo el tema por un momento.

-Nickyyyy!- le grité para joderlo. Frost se dio vuelta y revoleó los ojos, devolviéndome un "Yanchu" en el mismo tono. Me reí y le di un abrazo, saludé también a Nitta que estaba con él y Máx que estaba más atrás.

-Waaah, qué lindo reencuentro, el gringo se lo está re perdiendo.- dijo una voz a mi lado. -Ésa es la mina? Decile que la próxima les saque primera clase, no sea rata.- Suspiré disimuladamente y lo ignoré como venía haciendo últimamente con sus comentarios, realmente no esperaba que me pudiera seguir hasta acá. Sin embargo era verdad que todos estaban más incómodos, seguí sus miradas al grupo de nos esperaba.

Quería alegrarme de volver a ver a Epiphone, pero más bien me inquietó que la carta haya acertado sobre su presencia y su compañía. De dónde mierda estaba consiguiendo esas fuentes? Ahora lo único que me quedaba era esperar a ver cómo y cuándo me llegaría la próxima. Y bueno...

-Antes de que volvamos a arrancar con el fin del mundo, me gustaría tomar un café.- Los que habían estado conmigo en el aeropuerto de Kalos me miraron raro. Sí, otro café, a menos que salgamos y me dejen fumar en paz. O podría no reventarme el hígado y los pulmones, y sacar a Toussaint que siempre me tranquilizaba, pero había demasiado movimiento de gente para él. Siiva no me sonaba al tipo de persona que le importe el confort de sus... lo que sea que nos considere, pero podía sorprenderme igual.
Kileo


La superficie de mi amigo, pétrea y fría al tacto, hacia buen contraste con el leve calor veraniego que se sentía en el oeste de Unova. “La región de los puentes” le dicen… Bah, así le digo yo, pero estoy seguro que la mayoría estaría de acuerdo. Hermoso lugar para vivir o vacacionar, cosa que justamente me encontraba haciendo cuando llego el llamado del deber. Injusto, eso es lo que es. Casi dos años trabajando intensivamente y cuando a uno se le ocurre tomarse un merecido descanso… En fin, me siento obligado, tanto por ser parte de la Policía Internacional, así como por no dejar a su suerte a mis queridos compañeros del apocalipsis frustrado. Solo compartí con ellos un par de días, pero no necesitaba más para saber todo lo que valían. Bueno, con mi querido colega de placa estuvimos bastante más tiempo juntos. Poner una ciudad que estaba patas para arriba de nuevo en su lugar no era algo que se hiciera en un día o dos. Lumiose fue mi hogar por el siguiente par de meses en los que me encargué de un par de cosas, para luego comenzar con Frost nuestra investigación sobre las criaturas que crearon ese desastre. Recopilamos testimonios y los resultados fueron… interesantes. Nos es que sea el caso con evidencias más sólidas de mi vida, pero se podía trabajar. Cuando presenté el caso con mis superiores de la central de Alola casi me dan una patada, hasta que mencioné a Siiva. Ahí me escucharon y aprobaron mi investigación (y el presupuesto, yay). Parece esa mujer tiene más poder del que uno esperaría y llegaba más lejos de lo que me gustaba, pero al menos sirvió para su propósito. Eventualmente (unas tres veces en todos estos meses) me llegaba una carta y debía enviar con un emisario los avances. Obviamente no les mandaba todo y obviamente ellos lo sabían, pero no me mandaban a matar así que supongo que eso los dejaba conformes. Volver a la región hogar fue un alivio y me dediqué a seguir con casos más tranquilos y cotidianos, aunque siempre que podía conseguir algún dato sobre los Ultra Entes (o Ultra Bestias, como decidí llamarlos) lo hacía.

Mi equipo se adaptó muy bien a la vida en familia: Arturo finalmente se quedó con nosotros, Alderaan comenzó clases de tap (es muy buena), Lando siguió asistiéndome en todo y nuestro último ingresante resultó ser más alegre de lo que aparenta su rocos e intimidante exterior. Estando en casa decidí investigar un poco sobre el regalo navideño adelantado que recibí en Kalos: La roca de ámbar. Leyendo, encontré que hay un tipo de investigación de punta en otras regiones con la que intentan restaurar a los organismos fosilizados y me dije “¿qué puedo perder con intentar?”. Además, tengo el presupuesto. Viajé a Pewter y Cinnabar en Kanto, a Johto (esto fue turismo, a decir verdad), a Rusboro en Hoenn… nada. Pero encontré que en Unova había un proyecto sobre este trabajo. Era irme muy lejos y por mucho tiempo, así que me tomé mis tan acumuladas semanas de vacaciones. Todo iba genial hasta que llegó la carta de los guardadores. Ni siquiera tuve oportunidad de poder visitar el museo donde trabajaban con los fósiles. Pensé que tal vez esta misión nos llevara hacia ese lugar.

-Se suponía que iban a llegar todos al aeropuerto de Mistralton. -le dije al Heatmor sentado a mi lado. -En el vuelo… -mire el papel donde había anotado todo lo importante. De pronto un avión aterrizando lo voló de mis manos. - ¡Es ese! ¡Vamos pequeño, a toda máquina! –dije mientras le daba unas palmaditas al Onix en el que estábamos sentados.

La serpiente de roca se acercó a toda velocidad por la pista de aterrizaje donde bajaban sus tripulantes y yo podía escuchar la música de toda la escena…


Nico


Tenía que admitirlo, mi relación personal con los aviones era una complicada. Por un lado admiraba el ímpetu de la humanidad para encontrar una forma de volar en contra de todo los que nos hacía mamíferos. Pero también... la verdad es que viajar adentro de uno era una paja de dimensiones colosales. El estar tan alto en el cielo y tener que quedarme quieto le hacía mal a mi alma. A mi cara y pelo también, podía sentir cómo se secaban con cada minuto que pasaba; iba a aplicarme otra capa de maquillaje apenas toquemos el suelo.

La verdad si no fuera porque los demás iban a estar en Unova también le hubiera dicho a Siiva que le vaya a tirar Earthquakes a Gardel y me dejara en paz. El aviso había sido tan repentino que apenas tuve tiempo de arreglar mis horarios y darle mis tareas a mi mejor alumna antes de partir. No sabía cuanto tiempo iba a estar lejos de Lumiose, pero confiaba en que Fela continuaría mi legado por todo el tiempo que sea necesario; por más que no fuera una acróbata tan buena como yo, su ojo para los atuendos y el estilo eran impresionantes. Estaba seguro de que los demás estarían a salvo con ella.

Aun así, no era todo tan malo. Encontrarme con Yannick, Ibaraki y Mint fue una sorpresa bastante agradable, e incluso pudimos disfrutar una comida (café en el caso de Yan) placentera. Ibaraki había crecido y no solamente en su estatura; notaba una intensidad nueva detrás de sus ojos y la forma en la que se llevaba parecía más confianzuda. Mint seguía igual de quieto y reservado, pero también se notaba algo más relajado. Y Yannick... no sé que habrá pasado en estos dos años, pero se notaba que al menos parte de ellos le había hecho bien. Podía pensar en un par de razones, pero decidí guardármelas para mí mismo, escondidas detrás de una enigmática sonrisa.

-Esta agua sabe a burbujas. -Me quejé, bostezando mientras miraba por la ventana. -La próxima hago que Sloane me lleve y listo. Si quiero un pájaro de metal voy a ir a buscar a un Skarmory.

Al final cuando aterrizabamos estaba tan aburrido que me salteé el checkeo de salida y simplemente salté por el lado de la escalera hacia la plataforma. Los demás aparecieron un ratito después, y después de unos minutos por fin encontramos al resto del grupo. Todos estaban cambiados, de una forma u otra, y por más que no creí que iba a pasar no pude evitar sentir algo cálido en mi pecho al verlos. Me acerqué con una sonrisa, manos escondidas en los bolsillos de mi nuevo chal, y les guiñé como solía hacer antes.

-Cuanto tiempo, ¿Eh? -Pregunté, y noté como algunos me miraban raro. ¿Acaso esperaban que hiciera alguna estupidez o algo similar? -Me gusta la idea de tomar algo juntos; no saben todas las cosas que tengo que cont...

Un sonido raro sonó en la distancia, cada vez más fuerte con cada segundo que pasaba. Miré hacia el costado y noté la figura imponente de un Onix acercándose a toda velocidad, encima de él un muchacho con un pelo rubio muy conocido.

-...Como en los viejos tiempos. -Dejé salir una carcajada, rascándome la parte de atrás del cuello. -Y bueno, si nos empiezan a perseguir los de seguridad yo puedo llevar a varios volando. Tenía pensado dejar el quilombo para después del desayuno, pero que se le va a hacer.
Estoy buscando el rastro de ti
que desapareció aquella anoche

El neón penetra
en la oscuridad de la noche
E ilumina sospechosamente
una imagen de mi distorsionada

Me aferro a sentimientos y memorias,
que no puedo dejar ir,
y pronto me torno confundida.
Sin darme cuenta estaba persiguiendo tu sombra.

De manera efímera
la iridiscencia
de miles de estrellas bailarinas
iluminaron este sueño

Puede que el ruido del neón
que penetra en la oscuridad de la noche
me esté volviendo loca


Nitta


•❅──────✧❅✦❅✧──────❅•


Ella estaba frente a mi, observándome, las estrellas caían a sus espaldas. Era mucho más alta que yo.

-De todos los posibles resultados, vives este -ella habló. Y yo la observé sin entender nada de lo que decía. ¿Por qué salía con eso de la nada? Quería que me contara cosas... cosas que entendiera, y me divirtieran.

Sonrió. Con una sonrisa filosa, delgada, llena de una alegría mezclada con satisfacción y emociones que no podía describir. Y su sonrisa me parecía más sincera que la del resto.

-¿Nunca pensaste en eso? -me preguntó.
-¿En qué? -le consulté sin mirarla, con los ojos clavados en el cielo que parecía derrumbarse.
-Todo lo que puedes hacer con un simple gesto, Morgana.


•❅──────✧❅✦❅✧──────❅•


No sé si lo que me despertó fue el nombre que había abandonado, reconocer a la persona que se había aparecido como reemplazo a las pesadillas, o el hecho de que el aire del avión estaba más frío que heladera en invierno.
Creo que fueron los tres. Cuatro, si contamos a Nicholas y su insistencia.
Pegué un pequeño salto en el asiento al notar que otra vez lo mismo, me había quedado dormida en su hombro. Corrección, me había quedado dormida sobre el respaldo del asiento como una ciudadana decente y mi cuerpo lentamente se fue deslizando como producto del movimiento natural del avión hasta dar contra él.

….

¿A quién sigo intentando engañar?

Me llevé las manos al rostro y me refregué los ojos luego de tomarme unos segundos para canalizar algo de paz. Subirme a este avión había sido posiblemente una de las peores ideas que había tenido en lo que va del año. Primero, porque me había propuesto a mi misma colocar algo de distancia en... esto. Y entonces aparecieron las cartas y pasajes de avión. Y prácticamente me vi obligada, pero... podía aprovechar para resolver otros temas.
Debía concentrarme. Sí, esa era la idea. Unos días en Unova, resolver algunos negocios intentando no morir de nervios en el proceso, y volver a casa para seguir con mi vida estresada e irónicamente tranquila. Sí, un plan simple y perfecto.

Y miré de reojo a Nicholas. Y solté un bufido por lo bajo que creo no notó. Y me odié por ser como soy.

Al menos bajar del avión había sido un alivio para mis piernas. No estaba acostumbrada a viajes tan largos, y tampoco sobre herramientas humanas. Papá me dejaba utilizar a Lauren con frecuencia, aunque la pobre debía de extrañarlo por sus largos viajes a Kalos.
Durante este tiempo... hicimos casi de cuenta de que nada había ocurrido, luego de haber aclarado algunas cosas. Aun conociendo la verdad sobre mi padre, sobre su familia a la cual nunca vi, sobre las responsabilidades que antes debía heredar... Estábamos de acuerdo a algo, esa no era la vida que quería. Y mucho menos la que estaba destinada a llevar. Así que recibir una carta de Siiva solicitando nuestra presencia no era algo muy agradable. ¡Qué bueno que mi familia no sabe nada! Porque si no las corrientes de mi padre ya me hubiesen arrastrado hasta Johto de regreso. Aunque ahora, quizá...

-Podrías tratar de disimular un poco mejor que no queres estar acá -Nicholas me habló. Cierto, desde hace horas que no le decía nada. De hecho, no tenía muy en claro desde cuando. Estaba muy cansada por el trabajo y el vuelo fue en la noche... creo que me quedé dormida pronto. ¿Y en qué momento nos tapamos? Un momento, estoy segura de que yo no fui la que nos tapó... Si no me muero del estrés, creo que me voy a morir de un infarto.
Y sin darme tiempo a responder, salió con el tema de los ojos y demás... en lo cual coincidía.
-No tengo intenciones de disimularlo -lo miré por fin luego de un breve-largo tiempo. Sí, prefería que no tuviera los lentes puestos. Definitivamente sí. Con llevarlos puestos en momentos como estos, me costaba menos sostenerle la mirada. Si las puertas de mi alma estaban ocultas con ese simple par de lentes, ¿lo estaban también las de mi corazón? Esperaba que sí. Aferrándome a esa ilusa seguridad era la única forma de que podía observarlo fijamente.

Y si no me concentraba me terminaba perdiendo en su mirada.
Kyria me pegó una suave cachetada. Ah, gracias querida. Uno se pone cursi sin querer cuando... mejor me callo por el bien de mi salud.

La pobre pata debía estar aburrida luego de semejante vuelo. Había salido sola de su pokebola y se había apoyado de mi hombro, ayudándose a sostenerse con una de sus alas rodeando mi cabeza. No podía culparla, tanto ella como el resto vivían libres en casa, a excepción de Galahad, que no terminaba de acostumbrase a no ser el único que dormía conmigo y que no aguantaba tanto lío. Por eso prefería dormirse en la pokebola cuando tenía chances. Lulu en especial le colmaba la paciencia. Hablando de ella... escuché una muy leve risa danzar cerca de mis oídos. Abusó de su condición para poder estar libre durante el vuelo. Pero tenerla atenta me daba algo más de tranquilidad.

-Bueno -pude observar a lo lejos varias figuras conocidas, y comencé a ponerme nerviosa. Nada como un reencuentro incómodo después de casi dos años de incomunicación. No nos olvidemos de quién se fue sin despedirse a casa- Me voy a Floccesy. Cualquier cosa sabes dónde voy a estar. -comenté mientras me preparaba para tomar carrera e irme lo más pronto posible de allí- Ah, Yannick, hola, perdón -sonreí algo forzosa e incómodamente y antes de dar tiempo a responder, me alejé corriendo hasta una de las entradas más cercanas.
Solo debía atravesar unos metros más hasta la parada de taxis. Unos metros más. Si no fuera porque un onix, que se detuvo a escasos centímetros de la entrada, se me interpuso en el camino.
-Definitivamente fue una mala idea subirme a ese avión -la cabeza del onix descendió unos metros hasta estar a mi altura. La serpiente de piedra me sonreía y observaba con una inconfundible felicidad. Sobre su lomo... bueno - ¿Qué hablamos sobre tus apariciones sorpresa, Kileo? Ahora, permiso -concluí, la criatura de piedra se movió un poco, pero lo suficiente para bloquearme el paso nuevamente.

Matenme. Espero que el cielo esté lleno de ovejas.
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Mint


En un lugar desconocido.

Mmm...

Esta carta es interesante por lo que se de Siiva ella no hace cosas como estas si no es que algo muy feo este pasando...
Pero yo deberia participar si se que mi vida se pone en riesgo al aceptar esta invitacion.
Puede que Iba este alli...

En el aeropuerto.

No puedo creer que enserio vaya a hacer esto literalmente es pactar con la muerte pero bueno no me precupare mucho ahora.
-Bueno debe estar por aqui el lugar de abordaje- hablando con mis pokemones que me acompañaban y miraba a todos lados para tener cuidado.
En eso siegfried se fue corriendo de la nada
Corri rapido para alcansarlo y cuando lo alcance la vi era ella, Era Ibaraki.

Me acerque a ella para hablarle.
-A pasado tiempo iba no?- la miraba un poco incomodo todos este tiempo todo lo que pase no se como reaccionar tal vez no debi venir, pero solo suprimi mi corazon.
-Espero que Siegfried no te este molestando -
Parecia que me diria algo en eso llego yannick y nos llevo a comer.

Esto no es lo que esperaba pero ellos como viven despues de lo que pasa un con el tiempo que a pasado sigue marcado en mi mente y todo lo que paso despues como es que yo estoy vivo
Soy miserable.

Subimos al Avion y me sente en mi lugar estaba apartado de todo el resto y lo preferia asi.

Al salir del avion buscamos nuestras cosas para despues ver a ephipone que nos hacia señales.
Ya estaba aqui que es lo peor que podia pasar lo sabre pronto.

Maxwell


El sol golpeaba fuerte, seguramente en reprimenda por estar cruzando el mar de Orre en esta hora de la mañana, mientras se reflejaba interminablemente en el cristalino azul que disfrutaban tanto recorrer las escuelas de tentacool y magikarp por las que sobrevolabamos cada tanto. Por suerte mi sombrero estaba ahí siempre dispuesto a recibir el daño por mi, un fiel soldado en la batalla contra el calor abrazador. El pobre ya estaba en las últimas, había dado lo mejor de sí, concediendo sus mejores años sin replicar nada, pero mi mejor compañero siempre iba a ser ese vago Skitty que ahora juega con mi coleta.

-Salem, no juegues con eso, me cuesta desenredarlo- le regañe en un tono amigable, no podía decirle que no a algo.

Rose había decidido acompañarme. Su largo cabello negro azabache ondeaba alegre con el viento. Viajaba a mi lado sobre ese pokemon que tanto amaba. El dragón miraba al frente diligentemente con un semblante serio en un intento por impresionar a su entrenadora con su “profesionalismo”, pero que no podía dejar de parecerme gracioso, esas antenitas y cara regordeta le daban tal aspecto de bondadoso que ni esforzándose podía ser intimidante. Solo ocasionalmente movía sus ojos para comprobar que su compañero; que si no fuera por la silla de montar más vieja y su tamaño más pequeño podrían pasar como hermanos ; no me dejara caer o perdiera el rumbo.

-Gracias por traerme Rose, tres dias de viaje en avión no son lo mio, espero que no te digan nada en el trabajo por robarte un dragonite de más- le dije con un tono calmo.

Rose siempre me acompañó desde que tengo memoria, de chicos siempre fuimos muy unidos aunque yo fuera algo mayor que ella, aun así nunca dejamos de compartir cosas, y eso me ponia feliz, hay hermanos que dejan de verse con el tiempo, pero no era nuestro caso, más nos hacemos viejos, mas nos acercabamos.

-No te preocupes Joni, ahora soy jefa de piso, puedo darme algún que otro lujo, no íbamos terminar nuestras vacaciones sin despedirnos como Dios manda- me dijo con un tono amoroso y su típica sonrisa. Si hay algo que hacemos bien los Goodman es sonreir.

-Sabes que no me gusta que me llames asi…- mi primer nombre nunca me gusto no se porque quiza por lo común que es....

-Maxi entonces- dijo sonriendo.

-”Ese tampoco”- pensé desesperanzado.

- De todos modos, vacaciones… no entiendo como no haces para no odiarme, viniste hasta acá y lo único que hice fue vendar y suturar gente- le dije suspirando.

-Típico Maxi, siempre preocupandote por sandeces- me respondió con un tono juguetón

-Ya me conoces, es mi trabajo

Pasaron un par de horas y veía en su cara la preocupación que la agobiaba, ya hacia varios dias que lo escondia, pero a mi no puede ocultarme nada, sí claro... de que me la doy, vive ocultandome cosas.

“Yo no rape a tu pokemon” “Ese yogur ya estaba comido cuando yo llegue”

-Pregunta, no voy a mentirte, lo prometo- le dije calmadamente.

La chica busco las palabras cuidadosamente como aquel que abre un libro y cuidadosamente ojea antes de formular una respuesta.

-¿Encontraste algo… una pista al menos?- dijo finalmente preocupada.
En las dos semanas que estuvimos juntos nunca tocamos el tema, creo que de alguna manera u otra ambos sabíamos, que en el momento que lo hiciéramos esas “vacaciones” se terminarian y lo único en lo que podríamos pensar era en Zack y Mama. Hacía mucho tiempo que no nos veiamos y ninguno quería arruinar el tiempo juntos.

Me tomé mi tiempo para hablar, no porque fuese difícil responder, si no porque lo era buscar una cara que no expresara decepción.

-Estoy siguiendo una pista hace unos meses- le dije finalmente sin emoción.

-Eso fue lo mismo que dijiste hace dos años, y volviste con heridas por todos lados, una contusión que casi te mata…

Me pase la mano por la ceja inconscientemente, ese día que caí en Lumiose en aquel edificio me había dejado un corte en la ceja que nunca pudo sanar bien, ya no me crecia el pelo en una parte y se veía algo… feo.

-y esa cicatriz en el pecho...- dijo apretando fuertemente la silla del Dragonite, el pokemon volteo para verla, pero inmediatamente fijó la vista en el horizonte.

-Pero volví ¿no?, en una pieza y todo- dije jugando.

-Ya pasaron tres años… Max ¿No crees que ya es momento de que... lo dejes ir?- dijo dubitativa, se notaba la inseguridad en sus palabras.

Me quedé en silencio unos segundos, porque mentiría si le dijera que no lo había pensado y eso me hacía sentir como… basura.

Ya se podía ver tierra y montañas desde donde estábamos, no nos quedaba mucho para llegar.

-Rose, vos sabes que no puedo hacer eso...- dije con una sonrisa mientras Salem asentia y seguía con su juego -La familia no se abandona- comente seriamente.

-El viejo y bueno de Maxi…- dijo negando con la cabeza, pero esta vez con un tono cariñoso- Esta bien, pero si vas a volver con esta gente, preocupate un poco más por vos esta vez, decile a ese chico que vino a casa… que te escude en alguna no se, parecía buena gente- agregó con reproche.

-Nunca le pediría eso- le dije sonriendo

Se hizo silencio por unos segundos.

- ¿De verdad me veo viejo?, dicen que los treinta son los nuevos veinte- comente preocupado.

-Es… esa barba, te agrega años- dijo frotándose una barba ficticia.

-Y yo pensé que me quedaba bien…- comenté desilusionado

Finalmente descendimos en el aeropuerto, nos dimos un último abrazo con Rose y me dirigí a dentro dentro del edificio mientras ella agitaba la mano despidiéndose y Salem la copiaba.

-¡Trata de que no se meta en ningún desastre, te lo encargo Salem!- grito felizmente a lo que el pokemon le respondió con un saludito militar.

Ya dentro no fue difícil encontrarme con Epiphone, pero tenía compañía que ya conocía bien. Se veía más madura que la última vez que nos vimos.

-Epiphone, se te ve más adulta que la ultima vez- le dije sonriendo -Señorita Siiva- la salude haciendo una reverencia con mi sombrero- siempre es un gusto ver que no esté enterrando gente- le dije jugando

Mientras charlabamos vi como todo el grupo se dirigía hacia nosotros, había muchas caras cambiadas, Ibaraki se veía más grande y madura y Yan se notaba que ahora podía dormir un poco mejor, eso era algo bueno, pero Mint parecía más deprimido de lo normal. Salem los saludaba con la patita como acostumbraba, Nico venia detrás, siempre con su sonrisa carismática, y Frost con su… no sé cara de Frost. Me sorprendió ver a Nitta correr hacia la salida más cercana y no pude evitar soltar una risita, cuando el onix de un recién llegado pintor le cortaba el paso.

-Siempre es un gusto verlos viejos amigos- le dije cariñosamente, queria abrazarlos, pero Siiva me cohibia un poco- Un café me vendría bien- comente sacandome el sombrero.
Unova - Battle Subway - Mistralton Airport Station


El sol se filtraba por los ventanales de la sala de espera, que daban directamente a la pista de aterrizajes. Cientos de personas iban y venian caminando por los pasillos y las filas, pero entre ellas, la chica de cabello castaño era la que agitaba mas los brazos caminando a tropezones hasta a llegar al grupo de personas que avanzaba desde los últimos controles. Siguiendola, el muchacho de cabello colorado y el hombreton de bigote la seguian pidiendo disculpas a la gente que llevaban por delante. Epiphone llevaba el pelo recogido en una larga trenza, muy cuidadosamente arreglada. Llevaba una blusa con un tramado de colores pastel y verdosos, y unos pantalones cortos de jean con algunos parches con distintos dibujos. La chica habia crecido unos centimetros en los dos años desde la ultima vez que la habian visto, y habia cambiado mucho su expresion, lucia mucho mas feliz y suelta que en Kalos. Una vez que llego donde estaban los entrenadores, los saludo a todos con una sonrisa, y abrazo con fuerza a Maxwell mientras que su Skitty saltaba a sus brazos.

-Oh, sigue siendo tan dulce! - Exclamo mientras el pequeño Pokemon ronroneaba en sus brazos. - Que bueno que pudieron venir todos...Kabir me dijo que iban a venir y no queria perdermelo, cuanto tiempo van a quedarse? Oh...el es Cameron.- Dijo la chica señalando al muchacho colorado que estaba a su lado. El muchacho era de estatura mediana, delgado pero de espalda ancha y de piel palida en comparacion con la chica. - Es el hermano de Jerome...el dueño de aquel club, se acuerdan?

-Epi me hablo mucho de ustedes! - Dijo Cameron estrechando la mano de cada uno energicamente .- Cameron, mucho gusto! Epi me ayudo mucho con mis shows en este tiempo, veran, soy actor, coordinador, coreografo, y a veces director y productor de obras musicales! - Dijo el muchacho, Epiphone sonrio y puso los ojos en blanco, como si ya hubiese escuchado aquel discurso mil veces. El hombreton que estaba junto a ellos dio un paso al frente y tambien saludo a los entrenadores, uno por uno.

-Dr. Dare, mucho gusto joventitos. - Dijo el hombre de bigote con algunas canas.- Soy el Lider de Gimnasio de Mistralton, y tambien se me cito en este lugar por...aquella mujer. Hoy hablar mucho de ustedes, y espero verlos en mi gimnasio si tienen algun tiempo libre.

La Guardadora aludida, caminaba elegantemente hacia los entrenadores, dando tiempo de que terminen las presentaciones y reuniones. La mujer hizo caso omiso del comentario de Maxwell, y se limito a saludar asintiendo la cabeza. Se la veia practicamente igual que hace unos años, pero no vestia con ningun dejo de su ropa de guardadora. Llevaba un largo tapado negro que rozaba el piso.

-Quizas sea mas apropiado ir a un lugar mas tranquilo. Lucen algo cansados y...si, descuiden, la comida esta incluida. - Dijo seriamente la mujer mientras se encaminaba hacia un Cafe en el ala opuesta dentro del mismo aeropuerto. Los entrenadores luego de mirarse confundidos por la sorpresiva amabilidad de la guardadora, la siguieron. Caminaron tras ella hasta que sintieron un sonido y una vibracion provenientes de sus Pokebolas. Se alarmaron y pusieron en guardia rapidamente.

Entonces, un rayo de energia azul salio de las esferas y rodeo a sus Pokemon. Cada Pokemon de los entrenadores que se encontraba fuera fue absorbido por dicho rayo de energia y devuelto a la Pokebola donde pertenecia. El boton central de todas sus Pokebolas ahora emitia un destello celeste.

-Primera vez en un aeropuerto de Unova, eh?- Dijo el Dr, Dare algo divertido por las expresiones de sorpresa.- Dispositivo de seguridad.- Dijo calmandamente abriendo la puerta del cafe donde iban a reunirse.- Aerupuertos y subterraneos, las Pokebolas dejan de funcionar automaticamente. Es una medida de seguridad para evitar...egh...problemas. - La Guardadora, por otro lado, no lucia nada sorprendida. Pidio a la camarera una mesa para que entren todos, y la chica obedeció. Uno a uno fueron tomando asiento y ojeando la carta, los precios eran alarmantes.

-Descuiden, los gastos estan cubiertos- Dijo despreocupada mientras ordenaba un cafe con algunas tostadas. La mujer depocito el maletin en el piso, pero sin perderlo de vista por un segundo. - Antes de entrar en el asunto principal, mis socios y yo queremos agradecer nuevamente por su ayuda en el Evento de Lumiose, y por ese motivo es que los llamamos. No nos mantuvimos en contacto porque respetamos su espacio y su opcion de mantenerse al margen, pero...ahora se los necesita. Y tambien, quiero aclararles que esto nada tiene que ver con los Guardadores ni con los...conflictos internos, por asi decirlo. Esto nos incumbe a todos.- La mesera trajo el pedido rapidamente y Siiva le hizo una seña de que tome el pedido de los entrenadores rapidamente.- Veran...Neron, Akshara y unos socios mas, somos parte de un organismo de defensa e investigacion. Daemones. Trabajamos en conjunto con la Policia Internacional para prevenir y saber mas al respecto de situaciones como las que ocurrieron en Lumiose. - Epiphone miro asustada hacia los entrenadores, Cameron miro al lider de Mistralton quien asintio severamente.- Y ahora, tenemos una situacion entre manos que requiere de ayuda.
Ibaraki


Poco a poco todos fueron llegando, rostros que no habia visto en mucho tiempo, tal vez la más cambiada seria Epiphone, ya no la veia como... bueno, como yo hace ya muchos años, sabia que salir al mundo la ayudaria, me ayudó a mi.

Los saludos y presentaciones no se hicieron esperar, Epiphone nos presentó a sus acompañantes, Cameron, esperaba que no fuera tan pomposo y agrandado como su hermano -...actor, coordinador, coreografo, y a veces director y...- y no sé como no lo vi venir, va a ser un día largo, ignorando al señor títulos me dispuse a saludar al otro acompañante de Epiphone, quien se presentó como un Lider del Gimnacio.

Mientras la ronda de presentaciones y saludos se daba, me dirigí a cada uno de los que habian llegado, mis primeros amigos, nos conocimos en un viaje y nos reencontramos en otro. Nico parecia más interesado en Kileo y el Onix que montaba, pero fui a saludar al pintor sin dudarlo. Seguia Maxwell, Salem parecia distraido con Epiphone por lo que era un buen momento. Me acerqué y abracé al doctor, ya habiamos arrelgado nuestras diferencias hacia tiempo. Ya sabia que Nicholas no era tan amigo del contacto por lo que solo nos dimos la mano. -Entrenando como te enseñé?- Preguntó en un tono más alegre de lo que recordaba. -Siempre- Le respondí mientras unas marcas rojizas cubrian mi mano izquerda y mi antebrazo, las cuales desaparecieron tan rápido como llegaron ahí, no dijo nada, solo sonrió levemente.

Solo faltaba una persona, la cual parecia más interesada en la salida de emergencia que en otra cosa. -Nitta- La llamé, la chica pareció pararse en seco y su espalda quedó recta, comenzó a darse vuelta lentamente hasta que nos vimos a los ojos, unos pocos metros nos separaban y pude jurar que sentí una brisa corriendo frente a mí, di unos pasos al frente hasta estar frente a frente con la chica, parecia confundida, no importaba, habia esperado dos años para este momento, y ya no podia aguantar más, la abracé y le dije -Me alegra volver a verte- momentos despues pude sentir sus manos en mi espalda.

Volvimos con el resto del grupo y Siiva parecia haberse unido a la charla, bueno, fue divertido mientras duró. La mujer nos guió por el aeropuerto solo para jugarnos una broma de muy mal gusto. Revisé mis pokeball, completamente selladas, Baraddur, Mavis y Kiran parecian estar bien, pero yo no, apenas aceptaba la idea de usar Pokeballs por necesidad, forzarlos a entrar de esa forma y no poder salir era un crimen. -... es para evitar problemas- Si quieren evitar problemas deberian buscar como meter humanos en estas cosas.

-A veces creo que deberia haber una organización que se preocupe por los Pokemon- Dije pensando en voz alta, a nadie en particular -Lo siento, familia, voy a tratar de terminar con esto rápido así nos vamos a tomar aire- dejé las pokeball en mi cinturón y continué con el grupo hasta llegar a una cafeteria que hizo que mis últimas compras en Kalos parecieran oferta liquidación. Era temprano para almorzar por lo que pedí un café y lo que parecia unos chocolates rellenos según la foto, luego Siiva se puso a explicar.

Mientras Siiva hablaba, instintivamente llevé mi mano a la pokeball de Kiran, como intentando tapar los oidos del ocupante, en el fondo sabia que no seria posible, pero yo sabia como lo habia afectado ese día, él cree que no lo se, pero me doy cuenta cuando se levanta por las noches y se aleja de nosotros para llorar.

[Reveal] Spoiler: Flashback: Lumiose, unos días despues del ataque
La enfermera estaba cansada, los últimos días habian sido un caos en el centro, no solo los Pokemon heridos eran demaciados, parte del edificio habia sido afectado por el ataque, sino que además, muchos pokemon que habian perdido a sus entrenadores habian sido dejados acá.

-Bueno nena, te agradezco tu ayuda, y lamento pedirte un último favor- Dijo la enfermera mientras yo buscaba mis cosas y me disponia a irme al otro centro Pokemon de Lumiose, necesitaban ayuda allá también

-Qué pasó?- Le pregunté, a lo que ella respondió dandome una Pokeball que reconocí facilmente.

-Necesito que lo lleves, es demaciado agresivo para encontrarle un entrenador- Dijo, entregandome la pokeball del Growlite que Mint habia encontrado, ya sabia a que se referia, lo dejé con el resto de los Pokemon que habian perdido a sus entrenadores con la esperanza de que alguien lo adoptara, como a casi todo el resto de los que estaban ahí.

-Lo... Lo llevo al otro Centro, tal vez allá puedan...- La enfermera mi miró con una expresión seria -No ha comido en tres días, y casi ataca a seis personas que intentaron adoptarlo- Dijo.

-Lo sé... Quiere morir y volver a ver a su compañero...- Contesté luego de guardar la pokeball en mi bolso para que no me escuchara. -Se lo que se siente, por eso no lo voy a dejar, gracias por intentarlo- Concluí mientras me alejaba


-Muy bien, qué tendria que hacer?- Pregunté antes de darle una mordida a la golosina que acompañaba mi café.

Nico


Que día, que día. Ya me costaba mucho acordarme el nombre de las personas que conocía, y ahora me vienen a introducir a tanta gente nueva después de un vuelo interminable. Al menos eran conocidos de Epi; a ella no se lo podía negar. Si hubieran conocidos de Siiva dudo que mi paciencia hubiera durado más que un par de segundos.

-Epi, me alegra mucho verte. -Me acerqué y le dí un beso en la mejilla, repitiendo el gesto hacia el muchacho que estaba con ella. -Estás muy diferente che, me encanta. Y no solamente vos... -Miré de reojo hacia atrás, hacia el resto del grupo. -La verdad es que la única razón por la que vine es para ver cómo cambiaron todos en estos dos años. Es tan hermoso, tan...

Me detuve a mí mismo antes de decir algo contraproductivo, y antes de que Epi pudiera procesar mis palabras me dirigí al joven que la acompañaba.

-Un gusto Cameron. Si algún día necesitas actores, expertos en maquillaje o atuendos... bueno, supongo que me podrías llamar a mí, pero conozco a varios jóvenes talentosos en las calles de Lumiose. -Le guiñé. -Y... señor Dare. Un gusto también.

Siiva dijo algo, pero tuve dificultad escuchándola debido a lo poco que me importaba. Juzgando por las reacciones de los demás parecía que nos dirigíamos a un café; no me gustaba la idea de seguir sentado después de tan largo vuelo, pero podría usar la oportunidad para charlar un poco más con los otros.

Después de todo el debacle de las Pokebolas (pasó algo, pero no estaba prestando mucha atención) nos sentamos en mesitas en un café cercano, y nos acercaron unas cartas. La hojeé despreocupado, mientras observaba a la gente a mi alrededor. Podía sentir... algo, mi instinto me decía que algún problema se nos iba a acercar en cualquier momento, pero decidí no preocuparme. Ya lidiaría con ello cuando se nos presentara.

-Yo con un jugo de durazno estoy bien. No perá... de naranja. Menos azúcar. -Dije, y acto seguido le di un codazo juguetón a Yannick y le sonreí. -Che quien sabe... éste lugar se ve muy fancy, capáz acá le puedas comprar a Gabbie ese vino que le debés, ¿Eh?

Momento... ¿Por qué estaban todos callados? Miré a mi alrededor y me di cuenta de que estaban mirando a Siiva, quien al parecer no había dejado de hablar desde que entramos al café. Solamente llegué a escuchar la última parte de su discursito, lo cual me dejó bastante perdido. No que me importara mucho, claro.

-Ah... disculpá, ¿Dijiste algo? -Levanté una ceja, tocándome la sien con el dedo índice. -Cómo sea, seguro mis compañeros me dicen los detalles después. Por ahora... ¿Cómo estuvieron todos? ¿Algo picante para contar?
Yannick


-Todos tus amigos son así de dramáticos? Están casi peor que los de Camphrier.- dijo divertido mi acompañante.

Revoleé los ojos y sonreí ante el resto de los saludos, era interesante ver como todos habían cambiado. Los cambios suelen ser buenos, o de eso me quería convencer la mayoría de las veces. Ibaraki se vería mejor predispuesta y más abierta, excepto por lo rara que sus interacciones habían sido con Mint, a quien le pasaba algo, parecía ir en dirección opuesta a la chica aunque tampoco fuera muy extrovertido antes. Nitta había intentado básicamente escaparse, la había notado tensa alrededor de Frost sobre todo, lo que me extrañaba a esta altura. No es que sea un experto por haberlos conocido por una semana, pero soy alguien que nota ciertas peculiaridades después de convivir seis días enteros. Peculiaridades que ahora estaban potenciadas o desaparecidas.

Hablando de desaparecidos, Siiva comenzó a alejarse, confirmándome que no venía Ian. Sabía que estaba ocupado con su tour y en todo caso yo mismo le hubiera dicho que no viniera, considerando la fama que estaba ganando; pero no me había respondido las llamadas últimamente, aunque sea por distracción, todo esto me dejaba un tanto intranquilo. Seguramente me estaba preocupando demasiado al pedo, él siempre me lo decía. Bueno, no me lo decía así, pero en seguida me di cuenta que no le era normal eso y lo incomodaba. Me costaba evitarlo, era un hábito que no estaba seguro hasta qué punto reprimir, y este último año en Camphrier me había quedado en claro lo fácil que todavía me afectaban estas cosas.

Todos nos alarmamos un poco cuando los pokemon fueron forzados a sus pokeballs, seguridad del aeropuerto, menos mal que no saqué a Toussaint al final. Admito que incluso después de tanto, no estaba del todo acostumbrado a convivir con pokemon comunes y tenerlos sueltos, incluso a mis viejos les parecía raro tener a Touss y Leti dando vueltas por la casa.

Una vez en el café, la mujer nos explicó cómo venía la mano y nos dijo que estos gastos estaban cubiertos, en seguida ojeé las cosas más caras del menú pero no tenía idea de lo que la mitad significaban, creo que tienen nombres diferentes en esta región. Observé a la mesera con algo de sospecha hasta que me notó y me sonrió incómoda, le devolví la sonrisa e hice mi pedido, un café especial de la casa y algo que parecía un sandwich. Pobre, ya había estado en su lugar, con esta cantidad de clientes molestos. No servía ponerme paranoico, si Nadia quería información la iba a conseguir de un modo u otro, o me la iba a pedir.

Nico me distrajo hablando de Gabbie. -El... Pauillac?- pregunté algo confundido. Supongo que él estuvo cuando mencionamos eso, sin que lo haya notado en el momento, pero era raro que lo recuerde. -Um, ese vino es de la zona al Este de Ambrette, no sería muy práctico comprarlo acá.- Y la verdad todavía no me había animado a volver a visitarla. Llamé a la peluquería a un mes del incidente para asegurarme que estaba... bueno, viva. Ni siquiera hablé con ella, fueron diez segundos de tener el corazón en la garganta hasta que quien había antendido me respondió que estaba "muy ocupada esta semana para dar más turnos" cuando pregunté por ella. Debe haber sonado extraño lo aliviado que le contesté.

Nico no pareció prestarle mucha atención a lo que decía la Guardadora, aunque estando tan lejos en una mesa de 12, era de esperar que no escuchara. -Hable mas fuerte que tengo un chal!- le gritó. En el asiento a mi otro lado, Frost se dio una mano con la frente.

-Por qué nos necesitan a nosotros?- Me volví a Siiva levantando una ceja. -No a los cientos de agentes o escuadrones especializados que puedan tener, no, a nosotros.- dije algo incrédulo. Dejando de lado a Frost y Kileo, no éramos exactamente gente útil o capacitada para estos temas.

-Dah, vamos Yanuqui! Ahora le venís a decir que no a alguien que te necesita? Después de lo de--

-Por cierto,- lo interrumpí, -le informaron a Ian también sobre esto?-

-Ding ding ding, primera mención del chongo, señoras y señores!- vitoreó. -Arranquen a contar que no aguantó ni hasta el mediodía!-

Voy a ser la primera persona en descubrir cómo interactuar físicamente con el aether solo para pegarle una piña.
Nitta


El resto había notado mi presencia y eso no era para nada bueno. Me parecía lógico que alguno no asistiera pero... a un vistazo rápido, parecía ser que el único que faltaba del grupo era Ian. Quizá estaba ocupado con algún asunto... Si era así tendría que haber seguido su idea y directamente no haber venido.
El onix de Kileo me impidió el paso colocando su cuerpo en paralelo al edificio y el muchacho se rió soltando una broma. ¿Por qué era tan parecido a Wal? Eso me hacía detestarlo y quererlo al mismo tiempo. Suspiré agotada, sabiendo que no podría hacer mucho más para escapar de allí.
Kileo descendió del onix y este comenzó a empujarme con la cabeza al interior del edificio, y... convengamos que no tenía forma alguna de ejercer resistencia. Luego de tanto tiempo con Galahad aprendí que las rocas tienen un particular apego hacia mí. ¿Por qué? Todavía no le encuentro explicación. Le entregué un par de caricias al pokemon en la cabeza y él respondió con otra sonrisa.

Quizá si me quedaba pegaba a la piedra podría camuflarme y pasar desapercibida.

No, no funciona así.

En este momento me gustaría poder hacer lo que Lulu.

Definitivamente mi idea era un fracaso, porque sentí una brisa repentina y fuerte darme contra la espalda. No la... reconocía por completo, pero tenía un cierto dejo familiar. Y la voz me lo confirmó.
Volteé a ver a Ibaraki. Casi no había crecido, pero en su expresión se notaba un cierto cambio de actitudes. Posiblemente ella fue la única por la que me preocupe en estos casi dos años, pero por un tiempo. Con el pasar de los meses pude entender porqué me había puesto tan sobreprotectora con ella.
La observé en silencio sin saber cómo accionar realmente. Sonreí un poco. No podía mentir y simplemente decir algo como, “No, no estaba huyendo ni tampoco esquivándolos”. Pero ella se acercó a mi y me abrazó. Me tomó por sorpresa, pero un cierto alivio me llenó el pecho. Parecía estar bien y no estaba enojada conmigo para nada. Quizá no solo estaba bien, sino mejor.
Sonreí y le devolví el abrazo.
-Espero que estén teniendo cuidado, o en serio voy a enojarme -la regañé con un tono divertido, algo así como una tía o una hermana o una prima. Supongo.

Kyria aprovechó para acariciarle el pelo.

Cuando nos apartamos un poco seguí manteniendo cierta distancia. El onix asomaba la cabeza por la puerta del aeropuerto llamando la atención de bastantes personas. Parecía querer ingresar al sitio cuando de pronto una luz azul lo rodeó. Al mismo tiempo noté una vibración en mi bolso. Las pokebolas de Kyria y Lulu vibraban y comenzaban a emitir ese mismo brillo. La pata desapareció de mi hombro en un instante y el otro rayo voló en dirección a Nicholas, deteniéndose unos centímetros antes y rodeando una figura invisible en el aire, devolviéndola dentro del artefacto. Miré dentro del bolso y noté las miradas angustiadas de las chicas. Fue entonces cuando el hombre explicó.
¿Era realmente necesario ese tipo de sistemas? Bueno, era lógico ante atentados o cosas así pero... quizá era demasiado. Me dio pena Kyria, más que nada, apenas había podido estirar las alas.
-Vamos... a hacer esto rápido, ¿ok? -ella me observó preocupada. Le gustaba tan poco como a mi estar en este sitio.

La mayoría comenzó a seguir a Siiva. Di unos pasos pero me detuve por un instante, insistiéndome mentalmente en que no tenía porque seguir al resto. Sin embargo Nicholas me tocó el hombro y me indicó que debía ir. ¿Tenía que aparecer a recordarme que él estaba allí? No era que me olvidara de él, claro, pero mantener cierta distancia me ayudaba a no tener presente el porqué había aceptado subirme a ese avión con él.
Lo seguí, a él y al resto.

En el sitio, no sé cómo hicimos para entrar unas 12 personas en una mesa, pero tomé asiento a un lado de Kileo. Había pensando en ponerme a un lado de Iba pero el lugar estaba ocupado. Nicholas se me sentó a un lado. No pude evitar apoyar mi brazo sobre la mesa y dejar caer la cabeza sobre él.
-Nada, nada -dije antes de que me preguntara qué me pasaba.
El café era algo lujoso para su ubicación. Y los precios no se quedaban atrás. No quería abusar de la particular hospitalidad que la mujer estaba teniendo, pero... tenía hambre. Y estrés. Y un ligero malhumor y una tensión acumulada en la nuca, por no decir en donde más. Y mejor no me pongo a enlistar porque termino partiendo la mesa al medio. Calma, calma.
-Una copa helada de dulce, chocolate y nuez para mí. Ah, con salsa de caramelo y merengues. ¿Con un vaso de agua? Gracias.
Tranquila, nada pesado. Tan pronto se fue la mesera, me di cuenta de que me había olvidado de pedir que le agregaran brownies. Bueno, luego será.

La mujer comenzó a hablar. Presté atención a pesar de mi no tan real interés. El desconcierto fue inmediato. Lo miré a Kileo de reojo como preguntándole si sabía algo de todo esto. Negó con la cabeza. Por su parte, si Nicholas supiera algo, ya me lo hubiese dicho.
No pude evitar sentir curiosidad por el nombre. Si había algo, evidente a esta altura, que tenía bueno, era la memoria para información de pokemon voladores y mitología.
-Daemones... -comencé- ¿Por los demonios, los espíritus o los genios? Como sea, no estamos para una charla de mitología. Me sumo... a la consulta de Yannick. ¿Por qué nosotros? La mayoría somos jóvenes que no nos dedicamos al entrenamiento pokemon -me detuve por unos instantes, evité hacer mención a las habilidades particulares que algunos teníamos. No era el sitio, y estaba siendo lo más cuidadosa posible con ese tema- o al... combate en general. Y... al menos en mi caso -intenté sostener un tono respetuoso mientras hablaba, pero me costaba mantener la calma- Tengo muchas responsabilidades ahora como para querer sumarme a algo como esto. Vine a Unova por cuestiones... familiares -no tenía sentido decir que era por negocios, aunque indirectamente eran familiares por ser el negocio de la familia- Y... otros motivos -agregué por lo bajo- Más de uno puso en riesgo su vida la última vez que aceptamos hacer algo así y... sinceramente no quiero que nadie de nosotros vuelva a pasar por ese riesgo de nuevo. No cuenten conmigo para esto.
Concluí cerrando los ojos y tomando un trozo de merengue con la cuchara, para llevármelo ala boca.

No quería. Pero tampoco podría irme de allí como si nada si... él aceptaba.
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